Sáb. Set 19th, 2020

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Comercios vacíos y calles desoladas: Así vive Pekin la alerta del coronavirus de Wuhan

En un restaurante de Pekín, un cartelito asegura: “Este establecimiento ha sido desinfectado hoy”. Pero no hay ningún cliente a la vista: la epidemia del nuevo coronavirus siembra el pánico, y los chinos han desertado tiendas y lugares públicos. Los centros comerciales de la capital, habitualmente muy concurridos, están vacíos. Solo algunos vehículos se aventuran en las silenciosas avenidas, dándole a la megalópolis de 20 millones de habitantes un aire de ciudad fantasma, en plenas festividades del Año Nuevo lunar.

Ante una epidemia de neumonía viral que se acelera, con 132 muertos y cerca de 6.000 pacientes contaminados, las autoridades alientan a la gente a quedarse encerrada en casa, y si salen, a portar una mascarilla. El ambiente de ansiedad no incita a poner un pie fuera. En las estaciones de metro, se efectúan controles de temperatura realizados por agentes en combinación de protección integral.Una familia se moviliza por las festividades del Año Nuevo Lunar con mascarillas.

La temperatura corporal es igualmente vigilada en estaciones de tren, hoteles, comisarías… y hasta en los complejos residenciales, en cuyas entradas un termómetro es impuesto en la frente de las visitantes. En este contexto, es difícil para el centro comercial Taikoo Li, en el este de Pekín, atraer a clientes.

Sólo algunos de ellos deambulan por el centro, en medio del olor intenso de los productos desinfectantes. En todas partes, los carteles instan a los visitantes a cubrirse el rostro. Muchas tiendas están cerradas. El restaurante de carne braseada Hao Lu Wei sigue abierto, pero pese a su promesa de limpieza intensiva, nadie ocupa una mesa.

“Cuando hagan sus compras, asegúrense que en su tienda ha sido realizada una profunda desinfección. ¡Feliz año!” afirma un mensaje en la vitrina de una óptica… también desierta.Miembros de seguridad protegidos con trajes asilantes esperan a la entrada del metro para tomar la temperatura a los pasajeros en Pekín.

Mascarillas agotadas
Inversamente, los comercios que venden mascarillas y líquidos desinfectantes se han quedado sin estos productos, cuyos precios se disparan en las sitios de venta en línea. “Ya no nos queda absolutamente nada desde el Año Nuevo” chino, que cayó el 25 de enero, se lamenta un farmacéutico.

La demanda es inmensa, y está alentada por las consignas oficiales: la provincia de Guangdong (110 millones de habitantes) obliga a cubrirse el rostro en los lugares públicos, y varias regiones han adoptado medidas idénticas. Las autoridades impulsan a intensificar la producción de máscaras.

Es cierto que Pekín se vacía de buena parte de su población en el Año Nuevo, cuando los trabajadores inmigrantes y varios de sus habitantes retornan a sus regiones de origen. Pero, al mismo tiempo, muchos turistas llegan a la capital y los propios pequineses acuden a las ferias de Año Nuevo organizadas en templos y parques de la ciudad.

Pero debido a la epidemia varios acontecimientos festivos así como los viajes en grupo han sido suspendidos en todo el país. Los propios transportes están paralizados, con la anulación de al menos 2.000 trenes interprovinciales.Un controlador de tren con una máscara facial hace gestos en una estación de tren al oeste de Pekín.

‘No sabemos qué hacer’
Confinados en sus casas, los chinos matan el aburrimiento en las redes sociales, con mensajes sarcásticos. En un video muy compartido de la mensajería WeChat, se ve a jugadores de mah-jong (juego de sociedad chino) sentados en una mesa… con bolsas de plásticos transparentes en la cabeza.

Sin embargo, en las calles de Pekín puede uno cruzarse con valientes peatones. Por ejemplo, en el barrio de Sanlitun, conocido por sus bares y sus tiendas, dos treintañeros se quitan la mascarillas, y fuman un cigarrillo, con aire despreocupado.

En una vecina sala de juegos, un hombre intenta ganar algo en una máquina tragamonedas. Interrogado por la AFP, el hombre dice que espera que estas máquinas hayan sido desinfectadas regularmente, pero no está muy seguro de ello. “Intento quedarme lo máximo en casa”, dice, pero “finalmente he venido aquí, porque ya no sabía qué hacer”. (AFP)